Copuchas de ferias...

A quien le pueda interesar... algunas divagaciones de ferias... digo, no es menor que en el último mes y medio asistí a tres ferias del libro diferentes.

La primera en Antofagasta, una feria del libro internacional, eso ya de por si es loable tratándose de Chile y sus regiones. Antofagasta ruge, ajusta motores, no solo es una ciudad con la mejor calidad de vida en Chile para vivir, según las encuestas de opinión pública, sino que brillan esos diez años de bonanza en la minería y el precio del cobre... Hay que elevar la mirada al Cielo y pensar (aunque sea ingenuamente) que esos capitales que reciben a bolsillo abierto las mineras, están embelleciendo la ciudad, destinándose aunque sea una mínima parte (es bastante) a la cultura, al teatro, a la educación. Los edificios del casco antiguo, la estación de trenes (donde se ubicó la feria), el borde costero, en fin, son lugares limpios, bien cuidados, da gusto pasearse por ahí. Así mismo, la ciudad tiene dos canales de televisión enteramente entregados a la vida y obra de sus tierras, bacán. Y bueee, la feria modesta, con pocos libros, más bien una serie de ejemplares que parecían sacados de antiguas bodegas húmedas, peeero, feria internacional al fin. Feria en que se respiraba cierta soberbia, cierto amor propio. Lo lograron, bien! Y ahí estuve en medio de un calor infernal, es imposible ubicar una carpa en el desierto sin sentir que se está en un baño turco.

La segunda, la Feria del libro de Bogotá, Colombia. Fui invitada por el Gobierno de Chile (por qué a mi? nunca lo supe) a representar al país en una Feria que estaba dedicada a la literatura infantil y juvenil, bravo. Un recinto ferial (Corferias) con nueve pabellones del tamaño de nuestra Estación Mapocho, sorry, pero es acomplejante descubrir in situ que estamos a años luz del amor a la letras que profesan pueblos como el mexicano, argentino o colombiano. El botón de muestra como quien dice era un cuestión cuantitativa, nueve pabellones con una oferta que hacía agua a la boca... y la literatura infantil y juvenil no es una protagonista tentativa, no es lo que se "debe", sino que se siente. Me explico: los colombanos no han disociado la oralidad de las letras. En ellos la palabra escrita es también la palabra contada, modulada, expresada, dicha con ese cantito suave y coquetón que dan ganas de comerse las letras. Los niños leen no porque aprendieron a hacer esa serie de conexiones cerebrales que los lleva a la lectura, sino porque "contar" es su modo de vida. Y siguen contando y narrando ya crecidos, ya adultos... la oralidad de la palabra es algo vivo y, repito, dan ganas de comerse las letras.

Y la tercera y última, modesta en serio, nuestra pequeña, antiséptica y tradicional feria infantil y juvenil de Providencia. ¿Destacable? El hecho de que sea la 26 ava versión, es decir, que hace 26 años que se intenta congregar a escritores, editores y amantes de la literatura infantil y juvenil en un mismo recinto. ¿Reunirlos para qué? Para conversar, plantear nuevas tendencias, pero todo es tan modesto, tan anticuado a veces, que pareciera que se resume a ventas y más ventas. Y si, para eso sirven las ferias, nadie lo duda, pero se echa de menos la conversación con la vista puesta a lontananza, más allá de nuestros ombligos, con sentido. Qué buscamos y para dónde vamos. No sé, me late que en este tiempo demente, en medio de una era digital que nos devora (adictiva y demás), me gustaría escuchar algo más que no fuera solo el sonsonete vendo, vendo, no? Digo, en Colombia el tema fue (a que no) el libro digital, pero no como libro digital, que vamos es lo mismo que el libro en papel. Hay un cambio de soporte, eso está claro, pero en términos de libro no presenta diferencias mayores. Entonces, el tema no era ese libro versus otro igual en otro soporte, sino el "lenguaje digital", la palabra digital, las juventudes digitales, el hombre tras las letras. La persona, el individuo. En fin, recuerdo que el presidente de Ecuador (país invitado) dijo que esperaba que la era digital no anulara el triángulo amoroso entre el que escribe, el objeto y quien lo lee. Chuta! Nosotros con qué rapidez se nos olvidó que el arte se genera a partir de un acto de amor. Crear es un acto de amor por excelencia.

En fin, en fin...

 

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